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viernes, 23 de enero de 2015

El baúl de mis palabras ~ César

Buenos días librófilos, ¡Hoy empieza el fin de semana! Y he pensado, voy a dejarles un regalito, ¡AQUÍ ESTÁ! Como os prometí, hoy traigo mi tercer relato: CÉSAR, que, como algunos ya sabréis, es el nombre del novio de Eva. ¡Espero que os guste tanto como los anteriores!


El chico miró a su novia, Eva. Llevaba un vestido verde largo, que se le ceñía a la cintura y trazaba perfectamente las curvas de su generosa cadera. Llevaba su pelo rubio recogido en un moño que parecía que se lo hubiese hecho nada más levantarse; y aún así estaba guapísima.
En ese momento, ella estaba como ausente, con la mirada perdida, o mirando a alguien que él no conocía.

- Cariño, ¿estás bien? - preguntó César, preocupado. Pero no obtuvo respuesta
Llevaba ya casi un año con Eva, y aun así parecía no conocerla del todo.
Algunas veces se quedaba así, con la mirada ausente. Otras, aunque él no se lo había confesado nunca, ella lloraba en sueños, o gritaba el nombre de un chico, un tal Marco. No sabía quién era, un día intento sacarle el tema de los ex novios, pero ella se cerró en banda. 

De repente, sumido en sus pensamientos, se llevó la mano a la nariz y vio que le estaba saliendo sangre. Rápidamente se limpió con una servilleta hasta que la hemorragia se cortó, con mucho cuidado de no ser visto.
¿Cuánto tiempo más tendría que estar soportando eso? ¿Cuántos días quedaban hasta que pudiese despertar sin la duda de si sobreviviría a ese día o no?

Llevaba tanto tiempo escondiéndolo de ella... Le daba miedo contárselo, le atemorizaba que ella cortase con él solo porque su reloj tenía prácticamente las horas contadas. No quería pasar el resto de sus días solo. Amaba a Eva y quería estar con ella, aunque eso significase esconderle el secreto más importante que tenía.

A veces tenía la tentación de contarle todo a Eva y que se alejase de él,  pero sabía que no podía. No podía abandonarla, a pesar de todo la amaba. Tenía que estar junto a ella, era lo único que le daba fuerzas.

Pero ya llevaba un año con ella. Un año de cenas, de paseos, de películas los sábados por la tarde arropaditos en el sofá de dormir juntos, de deseo...

Eva casi nunca era muy ardiente en la cama, pero cuando eso sucedía, era la chica más pasional que había conocido. Era extraño, a veces tan sumisa y otras tan dominante, como si quisiera desahogarse, sacar algo que lleva dentro de sí misma. 


Y cuando ocurre, siempre llora después. César intentaba preguntarle, pero ella solo se vestía mecánicamente, le daba un fugaz beso en los labios, y se marchaba. Él no lo entendía, pero no podía pedirle explicaciones, no era justo que ella tuviese que contarle todo y él le escondiese algo así.

Volvió a mirarla; era realmente guapa, prácticamente imposible no sentirse atraído por ella. Pero sus enormes y preciosos ojos negros estaban sumergidos en una gran tristeza.

-¿Cariño? - le preguntó de nuevo, algo extrañado - Cielo, estoy preocupado.

De repente ella pareció salir de su trance:

-Sí, mi amor, todo está bien - le respondió Eva.

César se acercó a ella, y la beso suavemente...¿Cómo unos besos podían saber amargos y dulces a la vez? Dulces, por el amor, amargos, por la culpabilidad. La culpabilidad de estar escondiéndole algo a Eva y no poder contárselo. 

Cuando se apartó de Eva, la vio buscando ansiosa entre la gente, como si no encontrase aquello que había estado mirando antes durante tanto tiempo.
La chica se llevo una mano a la frente, como si estuviese sudando o se encontrase mal. Sin más, pudo ver como en cuestión de segundos se le aflojaban todos los músculos y se caía al suelo, sin haber tenido tiempo de agarrarla.



¿Os ha gustado? ¡Pues tengo buenas noticias para vosotros mis queridos lectores! He recibido muy buenas críticas sobre estos relatos, asi que, tomadlos como una especie de prólogo, porque voy a continuar esta historia ¡CON CAPÍTULOS! 
No se cuanto tardaré en subir cada uno, pues serán más largos que los anteriores. Toda la colección de capítulos se titulará "No te alejes de mí". PRÓXIMAMENTE...¡CAPÍTULO UNO!








lunes, 19 de enero de 2015

¡Esta semana en folio y tinta!

¡Buenos días mis librófilos! Os deseo un buen comienzo de semana. La mía va a ser muy relajadita, ya que, como ya os he comentado, mañana tengo mi último examen y las clases no empiezan hasta el martes siguiente. Asi que...

 
 ¡HE DECIDIDO TIRAR LA CASA POR LA VENTANA!
Sí, sí, como lo oís, esta semana la voy a dedicar enteramente a vosotros, por que os lo merecéis librófilos!!
 ¡Por ese motivo, os traigo un montón de cositas a lo largo de estos días!


¿Queréis saber cuales?

♥ Reseña: Cuando fuí mortal (Javier Marías). Se trata del primer libro de mi sección "Letras desgastadas", que incluye cualquier libro publicado antes del 2000. Me lo estoy terminando ya, y dentro de poco sabréis lo que me ha parecido.

 

♥ Reseña: Ese instante de felicidad (Federico Moccia). Sí, lo sé, no me porté muy bien con Moccia en la primera reseña que hice, pero os prometo que este libro es muchísimo mejor. ¿Qué puntuación le pondré? ¡¡¡Qué nervios!!! 

 

♥ Reseña: Cazadores de sombras III: Ciudad de Cristal (Cassandra Clare). Vale, puede que sea un poco pesada con Cazadores de Sombras. Pero, creedme, son la mejor saga de libros que he leído y la que me animó a hacer el blog.

 

♥ RELATO: CÉSAR. Os traeré también mi tercer relato. ¿Qué secretos esconderá César? ¿Está realmente enamorado de Eva? ¡Pronto lo descubriremos!

 

viernes, 16 de enero de 2015

El baúl de mis palabras ~ Marco

¡Buenos días, librófilos!

Por fin es viernes, menos mal... menuda semanita estudiando. Es por eso que hoy os vuelvo a traer un relato mío. No sé si recordáis el primer relato, llamado Eva, en el cual escribía los sentimientos del joven Marco, al encontrarse a su amada tras cinco años. Como muchos ya habréis supuesto, este nuevo relato trata de los sentimientos de Eva justo en ese mismo momento, ¡Espero que lo disfrutéis!





 
- Cariño, ¿estás bien? - era César, que miraba preocupado a Eva.

No, no estaba bien, por supuesto que no. Había pasado tanto tiempo... la última vez que había visto aquellos ojos avellana y esa sonrisa estaba demasiado lejos. Hacía ya cinco años que no veía a Marco, pero de repente estaba en aquella fiesta, y ella no conseguía entender por qué.
Se puso nerviosa y comenzó a juguetear con su pelo entre los dedos. Ese había sido el hombre de su vida.

Recordaba sus caricias y sus besos, sus manos por todo su cuerpo, electrizando cada punto por donde pasaban. Recordaba todo a la perfección, como si hubiese sucedido ayer, toda esa pasión... y cómo se desvaneció. Se juro no amarle, pero fue incapaz, se enamoró perdidamente de Marco. Sin embargo, él no quería amor y sentimientos, sino pasión, fuego y libertad. 

En cuanto Eva le confesó su amor, él se alejo de ella, dejándola sola en su cama, llorando. Y así pasó los cuatro años siguientes hasta que conoció a César. Este era moreno y de pelo rizado, fuerte y alto, atractivo como pocos, deseado por todas las chicas, por todas, menos por Eva.

Ella no sentía por César lo que había sentido (o seguía sintiendo) por Marco. Pero se obligó a sí misma a intentarlo, a dar una oportunidad a otro amor, y cuando por fin todo iba bien, aparece él, ahí, en frente de ella, más guapo que nunca. Llevaba ya un buen rato mirándole y había perdido la noción del tiempo. 
-¿Cariño? - Insistió su novio - Cielo, estoy preocupado

-Perdona, mi amor, todo está bien - contestó Eva. Y él la besó. Fue un beso corto, pero lo suficiente como para tener que apartar la vista cinco segundos.

Cuando volvió a mirar hacia donde había estado Marco, ya no había nadie. De repente el corazón se le aceleró. Desesperada, buscó con la vista por toda la sala; quería hablar con él, necesitaba saber si sentía algo por ella.

Justo cuando iba a darse la vuelta, miró hacia la puerta, y ahí estaba su chico de ojos avellana, de espaldas, dispuesto a irse, sin ni siquiera hablar con ella. Y, por segunda vez, Eva veía marchar al hombre de sus sueños sin poder hacer nada.

Pero, ¿por qué? ¿ A qué había ido a aquella fiesta? ¿Por qué se marchaba después de verla? La chica sentía que le daba vueltas la cabeza. Todos los recuerdos se agolparon en su cabeza, todos los besos, los abrazos, las noches en su cama juntos, la despedida...notó que le empezaba a faltar el aire y, sin más, se cayó al suelo. 
PROPUESTA: OS GUSTARÍA SABER LO QUE PIENSA CÉSAR TAMBIÉN? COMENTADME!
 


sábado, 10 de enero de 2015

El baúl de mis palabras ~ Eva

Buenos días librófilos, hoy estreno nueva sección "El baúl de mis palabras". En ella publicaré relatos cortos escritos por mí, que espero que os gusten y os ayuden a conocerme un poquito más. En el menú encontraréis un apartado de esta sección en el cual pondré un enlace a todos los relatos para que os sea más fácil localizarlos.
Os traigo el primero: Eva.





Estaba jugando a enroscarse el pelo entre los dedos mientras le miraba casi avergonzada. Y eso le volvía loco. Eva estaba en la otra punta del salón, pero aun así, Marco podía sentirla a su lado, podía notar su aliento en su oreja, sus uñas clavadas en su fuerte espalda, sus muslos rodeando su cuerpo. Sus labios pronunciando un te quiero.


Y desde entonces habían pasado cinco años, en los cuales no la había vuelto a ver, ni tocar; solo por aquellas dos palabras. 


Aún recordaba ese momento, cuando ella le dijo "Te quiero" y él simplemente la miró, le dijo adiós, y se marchó, dejando a la pobre Eva envuelta entre las sábanas, desnuda, sollozando sin parar. Pero él no había sentido nada por ella, simplemente se había marchado sin el más mínimo dolor en su corazón. 

Para él, Eva solo había sido un entretenimiento, una diversión, hasta el día en el que se separó de ella. Marco jamás se había permitido el lujo de amar a nadie, decía que sentir algo así era condenarse, sin embargo, después de unos días alejado de aquella chica de enormes ojos negros empezó a darse cuenta de lo que ésta significaba para él.


Se había enamorado de ella. Todo el esfuerzo de años de no amar a nadie, todo el dolor causado a la gente y a sí mismo, fueron en vano. Joder, estaba locamente enamorado que aquella chica, la echaba tanto de menos que se prohibió volver a verla, hasta ese día.


Ella estaba ahí en esa fiesta, a cien metros de él. El primer impulso de Marco fue salir corriendo de la sala, donde Eva no pudiese verle más, donde no pudiese leer en sus ojos sus sentimientos por ella, donde nada pudiese herirle. Sin embargo, ahí estaba él, con los pies clavados en el suelo, sin moverse, con la mirada fija en ella. 


Pero ella ya había dejado de mirarle hacía rato. Estaba hablando con mucha gente, riendo, bebiendo, disfrutando...y besando. Marco la vio besar a un chico algo más alto que él, más moreno, con el pelo más rizado y los ojos más verdes. 


Entonces comprendió lo estúpido que había sido dejándola escapar; y lo estúpido que había sido después por obligarse a no verla, a no llamarla, a no hacer nada con sus sentimientos. Se dio cuenta de que ahora ya no podría alcanzarla, de que no podría volver a sentir el roce de sus labios con los suyos, ni el tacto de su piel por la mañana nada más despertar. Ella era de otro, no era suya, y no podía recuperarla. No sabía por qué, pero cada día que pasaba la amaba más, y sin embargo, a la vez, cada día se había ido alejando más de ella.


La miró por última vez, mientras ella abrazaba a su actual novio. Marco se dirigió a la puerta, pensando en todo lo que había perdido sólo por una idea estúpida que había tenido acerca del amor, y que todo ello lo había llevado al fracaso. Jamás tendría de nuevo a Eva, y si ella no podía ser suya, no tenía sentido vivir.